Palabras clave
ajedrez, chess, ensayo literario, juegos de mesa, jaque mate
ajedrez, chess, ensayo literario, juegos de mesa, jaque mate
Sugerencia al lector
Introducción
Duelo del pulpo contra el cangrejo en el fondo del mar
Ajedrez extraterrestre
El hombre que perdió con el diablo y lo venció
Tablas
Besar la dama
Alicia y el ajedrez de las maravillas
El rey en la jaula de hierro
Fullerías
Un poema ajedrecístico
Ajedrez y propaganda
Mueven las negras: asesinatos y ajedrez
El hombre que derrotó a Dios
Donde el lector, si tiene un tablero a la mano, podrá seguir la partida entre el holandés errante y un ángel caído
Jaque mate y un poquito de aguacate
Condenando al ajedrez
El tablero, el Yi-King y el infinito
A quienes los dioses castigan: ajedrecistas dementes
El elefante, el obispo y el loco
Epílogo ¿Jaque mate?
Referencias
Acerca del autor
Sugerencia al lector
Este no es un libro técnico ni de problemas a resolver, sino de ensayos literarios sobre la pasión y demencia relacionadas con el ajedrez.
Sin embargo, se sugiere que el lector tenga un tablero a la mano para poder recrear las partidas y posiciones que a veces se citan, con el fin de hacer más asequibles los capítulos donde hay terminología técnica, que, al ser ensayos sobre ajedrez, resulta inevitable.
Introducción
El ajedrecista y la muerte.
Mi padre murió jugando ajedrez. Una mañana de domingo trajinaba en la final de un torneo escolar, la partida que terminó con su existencia.
Un paro cardíaco le postró ante el tablero.
Desde entonces me ha intrigado qué posición había en los escaques durante el momento fatídico. ¿Tenía una ventaja? ¿Era la apertura o el ocaso? ¿Qué pieza fue la última que tocó? ¿Qué combinaciones bullían en su mente antes del colapso?
Morir ante el tablero, con el afecto por las permutaciones de una guerra abstracta. Inmerso en la dureza de un diamante pensativo, ingrato a lo orgánico, ajeno a otro mundo donde reyes sin báculos y reinas sin vagina se lanzan a una repetición infinita.
El deceso era esperado. Aquel jugador diabético tenía las piernas destrozadas por la gota, los riñones arruinados y una ceguera inexorable. Aun así, esa mañana se inscribió en el torneo, ganó puntos y llegó a la final. Así como cada marinero tiene una piedra o un coral en su destino, cada ajedrecista tiene una partida final que le espera. El mate equivale al naufragio.
Esa misma tarde fui informado. Por aquellos días escribía una obra teatral titulada El ajedrecista y la muerte que nada tenía que ver con mi padre. La abandoné por una supersticiosa tristeza.
Han pasado cuatro meses. No hablaba con él desde hacía algunos años. Su presencia y su figura fueron pesadillas en mi devenir. Todo lo que le rodeó lo asimilé y lo aborrecí con fuerza: las matemáticas, la milicia, el ajedrez, la química, el basquetbol. Después, entendí que esas actividades tenían virtudes ajenas a ese humano tan violento. Exceptuando al ejército, ya no tengo problemas
con las otras.
Investigué y la muerte ante el tablero no es frecuente, mas tampoco excepcional.
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