Palabras clave
turismo, turismo tradicional, turismo alternativo, desarrollo local, capital social, asociatividad, economía social, economía chilena, economía mexicana, Cabo Pulmo, Carahue, Chile, desarrollo endógeno, desarrollo inclusivo
Negocios
turismo, turismo tradicional, turismo alternativo, desarrollo local, capital social, asociatividad, economía social, economía chilena, economía mexicana, Cabo Pulmo, Carahue, Chile, desarrollo endógeno, desarrollo inclusivo
Prólogo
Introducción
I. Consideraciones teóricas del turismo tradicional versus turismo
alternativo
Plácido Roberto Cruz Chávez, Judith Juárez Mancilla, Alberto Francisco
Torres García y Gustavo Rodolfo Cruz Chávez
II. Los efectos del COVID-19 en el turismo en Chile: un análisis
exploratorio
Alan Garín Contreras, Luis Vergara Erices y Pablo Martínez Riquelme
III. Esquemas de participación en la gestión del desarrollo local:
propuestas para el Parque Nacional Cabo Pulmo
Dulce María Lucero López y Alberto Francisco Torres García
IV. Capital social y asociatividad: evidencia para la comuna de
Carahue, Chile
Yaneth Botello Mercado, Adilene Sarahí Espinoza Castillo y Alan
Leónidas Garín Contreras
V. Economía social: estrategia alternativa para propiciar el
empoderamiento de la mujer en el ámbito del turismo en la
comunidad de la Ribera
Ma. Angélica Montaño Armendáriz, Juan Carlos Pérez Concha y
Gilberto Martínez Sidón
VI. Colima: entre la riqueza productiva y el desarrollo económico
limitado
José Manuel Orozco Plascencia
VII. Rendimientos económicos y capturas en la pesquería ribereña de
Palangre en Oaxaca, México. Un análisis histórico y de sección
cruzada
Víctor Hernández Trejo, Alejandro Rodríguez Valencia y Genoveva
Cerdenarez Ladrón de Guevara
VIII. Cambiando la marea
Alejandro Flores Márquez
Latinoamérica ha sido golpeada por un sinnúmero de conflictos de
orden social, político y económico, a lo largo de su historia, que han
desencadenado problemáticas alrededor de la violencia y desigualdad
social, la generación de empleos, y el atractivo a inversionistas.
Cuando estos aspectos logran ser regulados y transformados en favor
del desarrollo económico y social de un territorio, la sociedad se
puede acercar a un Estado que favorece las condiciones de bienestar.
Sin embargo, los altos retos que un gobierno nacional puede encontrar
en este camino resultan casi imposibles de superar. Aun así, una forma
alternativa que han optado algunas comunidades y ciudades ha sido la
de volver la mirada hacia dentro, es decir, sustentados en su territorio,
su cultura local y la participación ciudadana eficaz, se pueden
identificar rutas que dinamicen la productividad y competitividad de
manera sostenible. Cada uno de los actores que intervienen en estas
prácticas, deben reconocer los recursos potenciales y reales con que
cuente el territorio y la comunidad a fin de ser utilizadas para el
fortalecimiento de la misma.
Los últimos años, más específicamente desde la aparición de la
contingencia por la pandemia por Covid-19, trajo altas amenazas al
crecimiento, desarrollo y bienestar de los países, que se tradujo en
grandes retos económicos y sociales que cada gobierno aún intenta
sortear. Uno de los desafíos obedeció hacia el repensar la estructura
económica que soporta la actividad productiva de la nación, más allá
de proponer conocidas herramientas fiscales o monetarias; bajo este
panorama, muchas economías se dieron cuenta de la necesidad de ser
autosostenibles con los recursos propios que tiene la nación.
A manera de ejemplo, una de las actividades productivas y
económicas más golpeadas por la pandemia, que genera desarrollo
socioeconómico y es intensiva en capital humano, es aquella
proveniente del sector turístico. La crisis permitió abrir los ojos a las
personas, hacia la reflexión acerca de cómo se puede llevar a cabo
esta actividad mientras se aporta a la reconstrucción del planeta, bajo
los estandartes de ser un sector productivo, sostenible, resiliente,
inclusivo y con relaciones comerciales justas. Así como este caso, los
diversos sectores pueden propender a incluir o repensar sus
actividades con la participación de la comunidad para que genere
beneficios colectivos, mejorando y manteniendo la calidad de vida de
la población local. Este estilo de desarrollo local se ha concebido en
diversos estados de América Latina como una política pública que
coadyuve a mitigar la desigualdad social y favorezca la inclusión de los
diversos actores en ese proceso de transformación de la sociedad.
Resulta útil la discusión de dichas políticas públicas con los colectivos,
como parte de la agenda pública.
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